La Rana ibérica o Rana patilarga (Rana iberica) es una especie de anfibio que se distingue por su agilidad y su adaptabilidad a los ambientes acuáticos de la Península Ibérica. A pesar de su tamaño moderado, esta rana ha logrado ocupar una amplia variedad de hábitats, lo que la convierte en una especie fascinante tanto para los estudiosos de la fauna como para los amantes de la naturaleza. En este artículo, se examinan sus características físicas, su distribución geográfica y los tipos de hábitat que prefiere, con el objetivo de ofrecer una visión detallada y accesible de esta especie tan representativa de los ecosistemas atlánticos.
Ficha técnica
Nombre Común | Rana Patilarga |
– Clase | Amphibia (Anfibios) |
– Orden | Anura |
– Familia | Ranidae |
– Género | Rana |
– Especie | R. iberica |
– Tamaño | 3-6 cm |
– Longevidad | Hasta 10 años |
– Estado de conservación | Vulnerable (VU) |
Características Físicas
La Rana ibérica es una rana pequeña y esbelta que presenta una notable variabilidad en tamaño, dependiendo de su sexo. Los machos suelen medir entre 32 y 49 mm, mientras que las hembras son más grandes, alcanzando longitudes de entre 37 y 56 mm. En cuanto a su peso, los machos oscilan entre 4 y 6 g, mientras que las hembras pueden pesar entre 5 y 16 g. Esta diferencia de tamaño es común en muchas especies de ranas, con las hembras siendo generalmente más grandes para poder alojar una mayor cantidad de huevos durante la temporada de reproducción.
El cuerpo de la Rana ibérica presenta una serie de características que la hacen fácilmente reconocible. Su hocico es redondeado y corto, y está marcado por un canto rostral diferenciado. Las narinas están situadas a una distancia similar entre el hocico y el ojo, o incluso más cerca del hocico. El tímpano, visible en la parte posterior de la cabeza, tiene un diámetro que varía entre la mitad y tres quintos del tamaño del ojo. Además, sus miembros posteriores son largos, lo que le permite saltar grandes distancias, y la articulación tibiotarsal puede llegar a sobrepasar el extremo del hocico.
Su piel es lisa, con algunos gránulos en la parte trasera de los miembros y pliegues dorsolaterales prominentes. La coloración de la rana también varía según su ubicación, pero generalmente su vientre presenta tonos que van del pardo amarillento al rojizo, con manchas grises en la región gular. Los ojos de esta especie son especialmente distintivos, con un iris dorado que refleja tonos metálicos, añadiendo una capa de belleza a su apariencia.

Hábitat y Distribución
La Rana ibérica es una especie endémica de la Península Ibérica, lo que significa que su distribución se limita exclusivamente a esta región. Su hábitat abarca una zona eurosiberiana atlántica, y su presencia es particularmente destacada en el noroeste de la Península. Esta especie prefiere áreas con una alta humedad y agua corriente, lo que la convierte en un indicador de la calidad ambiental de los ecosistemas acuáticos.
Distribución Geográfica en España
En España, la Rana patilarga se encuentra principalmente en Galicia, donde es especialmente abundante en zonas de agua dulce. Desde allí, su distribución se extiende de manera discontinua hacia el noreste, alcanzando la Cornisa Cantábrica y llegando a áreas septentrionales de provincias como León y Zamora. También se encuentran poblaciones en el Parque Natural de la Sierra de Aralar en Guipúzcoa.
En la parte occidental de la Península, la especie se extiende hacia Portugal y se puede encontrar en el Sistema Central, donde se distribuye hasta ciertas sierras de Madrid y Cáceres. En Extremadura, las poblaciones son más dispersas, especialmente en la provincia de Cáceres, con la Sierra de San Pedro marcando el límite meridional de su distribución en España.
Tipos de Hábitat
La Rana ibérica prefiere habitar en ambientes frescos y húmedos, y se asocia a arroyos y regatos de corriente rápida, donde las aguas mantienen temperaturas bajas y donde hay una abundante vegetación que le proporciona refugio. Estos cuerpos de agua suelen estar rodeados de bosques como hayedos, robledales, alisedas, fresnedas y pinares, creando un entorno ideal para su supervivencia.
En Galicia, la especie es común en pequeños regatos que atraviesan prados, mientras que en otras áreas como el Sistema Central, se encuentra en turberas y lagunas de origen glaciar, lugares con características especiales que proporcionan el hábitat perfecto para su reproducción. La Rana ibérica también tiene una fuerte preferencia por ambientes acuáticos, ya que su reproducción ocurre en zonas de agua remansada, de baja profundidad, donde los renacuajos pueden desarrollarse de manera segura.
Este hábitat específico es crucial para el ciclo de vida de la especie, ya que las condiciones de temperatura y agua limpia son esenciales para su supervivencia y reproducción exitosa.

Alimentación
La Rana ibérica tiene una dieta que, en su mayoría, es terrestre. Se alimenta principalmente de insectos que se encuentran en su entorno cercano. Los grupos más comunes en su dieta incluyen dípteros (moscas), que representan aproximadamente el 36% de su alimentación, coleópteros (escarabajos) con un 17%, y arácnidos (arañas) con un 10%. Además de estos, también consume otros insectos como tricópteros, himenópteros y lepidópteros, dependiendo de la disponibilidad estacional de presas en su hábitat.
Un comportamiento interesante documentado en estudios específicos es la oofagia en larvas, lo que significa que las larvas de esta especie también se alimentan de los huevos de otras especies de insectos.

Reproducción
El ciclo reproductivo de la Rana ibérica varía según la altitud, adaptándose a las condiciones locales. En las zonas más bajas, los individuos se reproducen principalmente entre los meses de noviembre y marzo, mientras que en las áreas más altas, la actividad reproductiva se extiende desde abril hasta julio. Las puestas de huevos son bastante numerosas, con masas globosas que pueden contener entre 190 y 450 huevos, los cuales se depositan en aguas someras.
El proceso de reproducción comienza con las vocalizaciones de los machos, quienes emiten llamados para atraer a las hembras. Durante el amplexus, que es de tipo axilar, los machos se aferran a las hembras cerca de la cabeza. Además, la secreción mucosa producida por las glándulas mucosas de los machos facilita la cópula.
El desarrollo larval dura alrededor de tres meses, y durante este período, los renacuajos suelen permanecer cerca de la zona de puesta durante las primeras semanas de vida, lo que les proporciona un ambiente más seguro antes de aventurarse más lejos en su hábitat acuático.

Amenazas y Conservación
La Rana ibérica enfrenta diversas amenazas en su distribución, que varían según la región. En Galicia, su estado de conservación es considerado «No Amenazada» debido a la estabilidad de sus poblaciones. Sin embargo, en algunas áreas de su distribución oriental, especialmente en el Sistema Central y el noreste de la Península, la especie está clasificada como «Vulnerable».
Las principales amenazas que enfrenta esta especie incluyen:
- Alteración y destrucción de su hábitat: Esta amenaza es particularmente grave en el Sistema Central oriental, donde la urbanización y el turismo han afectado la calidad de sus hábitats naturales.
- Introducción de especies exóticas: La presencia de especies invasoras como el salmón y mamíferos como el visón americano ha tenido un impacto negativo en las poblaciones de Rana ibérica, al competir por los recursos o al depredarlas.
- Aislamiento poblacional: En algunas áreas, las poblaciones de Rana ibérica están tan aisladas que su capacidad de recolonización se ve reducida, lo que aumenta el riesgo de extinción local.
Algunas de las poblaciones más vulnerables incluyen las del Sistema Central (como Peñalara y Guadarrama), las de Extremadura (en áreas como Villuercas, Guadalupe y Valencia de Alcántara), y algunas poblaciones en el País Vasco. Además, las poblaciones de Madrid en zonas como El Escorial y Abantos también están en riesgo.
Actuaciones para su conservación
Para hacer frente a estas amenazas, se han realizado diversos estudios y proyectos de conservación. Por ejemplo, en Madrid, la Sociedad de Conservación de Vertebrados, en colaboración con la Comunidad de Madrid, ha llevado a cabo estudios enfocados en entender mejor las dinámicas poblacionales de la Rana ibérica. Estas investigaciones son clave para poder implementar medidas de protección efectivas que aseguren la supervivencia de la especie a largo plazo.
En resumen, la conservación de la Rana ibérica requiere una acción continua para proteger sus hábitats naturales y mitigar los efectos negativos de las especies invasoras y la fragmentación de sus poblaciones.

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Referencias
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