La atmósfera terrestre no solo contiene gases y vapor de agua. También alberga una enorme cantidad de partículas sólidas microscópicas capaces de modificar la visibilidad, alterar la calidad del aire e incluso influir sobre el clima. Dentro de la meteorología, estos fenómenos reciben el nombre de litometeoros, un grupo de meteoros atmosféricos formado por partículas secas suspendidas en el aire o levantadas desde la superficie por la acción del viento.
Qué son los litometeoros
Los litometeoros son fenómenos atmosféricos constituidos por partículas sólidas no acuosas presentes en suspensión en la atmósfera o desplazadas por el viento cerca de la superficie terrestre. El término procede del griego lithos (“piedra”) y se utiliza en meteorología para diferenciar este tipo de partículas de otros meteoros compuestos por agua, hielo o fenómenos ópticos.
Estas partículas pueden tener orígenes muy diversos. Algunas proceden de procesos naturales, como la erosión de los desiertos, las erupciones volcánicas o los incendios forestales, mientras que otras se generan por actividades humanas relacionadas con la industria, el tráfico o la quema de combustibles fósiles. En muchos casos, los litometeoros forman parte de los llamados aerosoles atmosféricos, una mezcla de partículas sólidas y líquidas suspendidas en el aire.
Entre las principales características de los litometeoros destacan:
- Reducen la visibilidad atmosférica.
- Pueden permanecer suspendidos durante horas o semanas.
- Son transportados por corrientes de aire a miles de kilómetros.
- Influyen sobre la radiación solar y el balance energético terrestre.
- Afectan a la salud respiratoria y a la calidad del aire.
La clasificación meteorológica internacional distingue distintos tipos de litometeoros según su composición, tamaño de partícula y comportamiento atmosférico. Algunos ejemplos habituales son el polvo en suspensión, la arena, el humo, la ceniza volcánica o la calima.
Tipos de Litometeoros
Los litometeoros más comunes están formados por partículas sólidas secas que permanecen suspendidas en el aire debido a la turbulencia atmosférica, las corrientes de viento o la convección térmica. El tamaño de estas partículas determina tanto su capacidad de transporte como sus efectos sobre la visibilidad y la salud.
Polvo en suspensión
El polvo en suspensión está formado por partículas minerales extremadamente finas procedentes, principalmente, de regiones áridas y semiáridas. La erosión del suelo causada por el viento levanta estas partículas y las incorpora a la atmósfera, donde pueden permanecer durante largos periodos.
El desierto del Sahara constituye la mayor fuente de polvo mineral atmosférico del planeta. Las masas de aire cargadas de polvo sahariano alcanzan con frecuencia la península ibérica, Canarias, el Mediterráneo e incluso América. Durante estos episodios, el cielo adquiere tonalidades blanquecinas o anaranjadas y la calidad del aire empeora de forma notable.
- Está compuesto por minerales como cuarzo, arcillas y óxidos.
- Puede contener partículas PM10 y PM2.5.
- Reduce la visibilidad horizontal.
- Favorece la dispersión de la luz solar.
- Actúa como núcleo de condensación en algunos procesos nubosos.

Arena
La arena atmosférica está formada por partículas de mayor tamaño que el polvo mineral. Debido a su peso, suele desplazarse cerca del suelo y permanece menos tiempo en suspensión. Este tipo de litometeoro es característico de las tormentas de arena que se producen en zonas desérticas y regiones secas con escasa vegetación.
Cuando el viento alcanza suficiente intensidad, los granos de arena comienzan a desplazarse mediante un proceso conocido como saltación, en el que las partículas rebotan continuamente sobre la superficie. En situaciones extremas, la concentración de arena puede reducir drásticamente la visibilidad y dificultar el transporte terrestre y aéreo.
Las tormentas de arena son especialmente frecuentes en el norte de África, Oriente Medio y algunas regiones de Asia central. En meteorología operacional, estos fenómenos son vigilados por su impacto sobre la visibilidad y la seguridad.


Humo
El humo es un litometeoro generado por procesos de combustión. Está compuesto por partículas sólidas microscópicas, gases y compuestos orgánicos producidos durante incendios forestales, quemas agrícolas, actividad industrial o combustión de combustibles fósiles. Su composición varía según el material que arde, aunque suele contener:
- Hollín o carbono negro.
- Cenizas finas.
- Compuestos orgánicos volátiles.
- Sulfatos y nitratos.
- Partículas ultrafinas.
El humo puede dispersarse rápidamente por la atmósfera y recorrer grandes distancias impulsado por corrientes de aire. Los incendios forestales de gran magnitud generan columnas convectivas capaces de inyectar partículas a varios kilómetros de altitud, aumentando su permanencia atmosférica.
Desde el punto de vista climático, algunas partículas de humo absorben radiación solar y contribuyen al calentamiento atmosférico. El carbono negro, por ejemplo, posee una elevada capacidad de absorción energética y se considera uno de los aerosoles más relevantes en estudios sobre cambio climático.
Ceniza volcánica
La ceniza volcánica está formada por fragmentos microscópicos de roca, minerales y vidrio volcánico expulsados durante erupciones explosivas. Aunque el término “ceniza” puede sugerir un material ligero similar al producido por una combustión, en realidad se trata de partículas abrasivas extremadamente peligrosas para la aviación y la salud.
Las erupciones volcánicas intensas pueden inyectar enormes cantidades de ceniza a la troposfera superior e incluso a la estratosfera. Una vez en suspensión, estas partículas son transportadas por los vientos dominantes y pueden afectar regiones situadas a miles de kilómetros del volcán.
Riesgos asociados a la ceniza volcánica
- Daños en motores de aeronaves.
- Reducción severa de visibilidad.
- Irritación ocular y respiratoria.
- Contaminación de agua y cultivos.
- Abrasión de superficies y sistemas mecánicos.
Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2010, cuando la erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull provocó importantes restricciones del tráfico aéreo europeo debido a la dispersión de ceniza volcánica sobre gran parte del continente.

Calima
Ciertos litometeoros destacan por su capacidad para modificar la transparencia atmosférica al dispersar y absorber la luz solar, lo que genera ambientes turbios y reduce significativamente la visibilidad horizontal incluso en días despejados.
El ejemplo más común es la calima, un fenómeno producido por la suspensión de partículas secas extremadamente finas —como polvo mineral, humo o contaminantes— que en España proviene principalmente del desierto del Sáhara, otorgando al aire un aspecto opaco y alterando la coloración del cielo especialmente durante el amanecer y el atardecer.
Efectos habituales de la calima
- Reducción de visibilidad.
- Empeoramiento de la calidad del aire.
- Aumento de partículas respirables.
- Deposición de polvo sobre superficies.
- Alteración de la radiación solar incidente.
- Problemas respiratorios
Transporte de partículas en la atmósfera
Las partículas asociadas a los litometeoros pueden permanecer suspendidas en la atmósfera durante largos periodos y recorrer enormes distancias impulsadas por la circulación atmosférica. Corrientes de aire, sistemas frontales, procesos convectivos y vientos de gran altitud permiten que polvo mineral, humo o cenizas volcánicas se desplacen entre continentes y océanos.
La capacidad de transporte depende sobre todo del tamaño de las partículas. Las más finas pueden alcanzar capas medias y altas de la troposfera, donde permanecen suspendidas durante días o incluso semanas antes de depositarse. En cambio, las partículas más grandes suelen caer rápidamente por efecto de la gravedad y tienen un alcance mucho más limitado.
Intrusiones de polvo sahariano
Las intrusiones de polvo sahariano representan uno de los fenómenos de transporte atmosférico más importantes del planeta. Cada año, millones de toneladas de partículas minerales procedentes del desierto del Sahara son elevadas por fuertes corrientes convectivas y desplazadas hacia Europa, el Atlántico y América mediante la circulación atmosférica.
En España, estos episodios afectan especialmente a Canarias, el sur peninsular y el Mediterráneo occidental. Durante las intrusiones intensas, el cielo adquiere tonalidades ocres o anaranjadas y la concentración de partículas en suspensión aumenta notablemente, provocando episodios de calima y deterioro de la calidad del aire.
El polvo del Sahara y la influencia sobre el Atlántico
El polvo sahariano no solo modifica la visibilidad atmosférica. También participa en importantes procesos ecológicos y biogeoquímicos a escala global. Parte de estas partículas cruza el Atlántico impulsada por los vientos alisios y alcanza regiones tropicales de América y el Caribe.
Estas masas de polvo contienen minerales como hierro y fósforo, esenciales para numerosos ecosistemas marinos y terrestres. En áreas insulares con suelos pobres en nutrientes, como algunas regiones del Caribe, el aporte constante de partículas africanas contribuye al equilibrio ecológico y a determinados ciclos biológicos.

El caso de las Bahamas
Aunque la formación geológica de las Bahamas está asociada principalmente a sedimentos carbonatados marinos, diversos estudios han señalado que el polvo sahariano desempeña un papel indirecto en el mantenimiento de ciertos ecosistemas del archipiélago.
El aporte continuo de minerales transportados desde África favorece la disponibilidad de nutrientes esenciales en ambientes tropicales donde los suelos son relativamente pobres. Este fenómeno constituye uno de los ejemplos más claros de conexión atmosférica entre continentes separados por miles de kilómetros.

Dispersión de cenizas y humo
La dispersión atmosférica de humo y cenizas volcánicas depende principalmente de la intensidad de los vientos, la estabilidad atmosférica y la altura alcanzada por las columnas de partículas. En las erupciones volcánicas explosivas, las cenizas pueden llegar a la estratosfera y permanecer en suspensión durante largos periodos, siendo transportadas a miles de kilómetros por corrientes de gran altitud. Algo similar ocurre con el humo de los grandes incendios forestales, cuyas columnas convectivas elevan partículas finas que pueden desplazarse enormes distancias antes de dispersarse.
El seguimiento de estas partículas se realiza actualmente mediante satélites meteorológicos, modelos numéricos de dispersión y redes de vigilancia de calidad del aire. Estas herramientas permiten anticipar la evolución de los aerosoles atmosféricos y son fundamentales para la meteorología moderna, la gestión ambiental y la seguridad aeronáutica.
Casos excepcionales de ceniza volcánica
Las grandes erupciones volcánicas han demostrado que los litometeoros pueden alterar temporalmente el clima terrestre a escala planetaria. Cuando enormes cantidades de ceniza y aerosoles sulfatados alcanzan capas altas de la atmósfera, parte de la radiación solar es reflejada hacia el espacio, reduciendo la energía que llega a la superficie.
La erupción del Krakatoa en 1883
La erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia, en agosto de 1883, fue una de las más violentas registradas en época moderna. La explosión expulsó gigantescas cantidades de ceniza y gases volcánicos que alcanzaron la estratosfera y se dispersaron alrededor del planeta.
Durante meses se documentaron atardeceres excepcionalmente rojizos y una disminución de la radiación solar en distintas regiones del mundo. Las partículas volcánicas actuaron como un filtro atmosférico natural que contribuyó a un descenso temporal de la temperatura global.
Este episodio marcó además uno de los primeros grandes estudios científicos sobre la relación entre aerosoles volcánicos y clima terrestre.
El Año sin verano de 1816
El llamado Año sin verano tuvo lugar en 1816 y estuvo relacionado con la erupción del volcán Tambora, ocurrida un año antes en Indonesia. La enorme cantidad de ceniza y aerosoles sulfatados liberados a la atmósfera alteró la circulación atmosférica y redujo la llegada de radiación solar a la superficie.
En Europa y Norteamérica se registraron temperaturas anormalmente bajas, lluvias persistentes y graves pérdidas agrícolas. En algunas zonas europeas llegaron a producirse heladas incluso durante los meses de verano, generando importantes crisis alimentarias y económicas.
Este fenómeno sigue siendo uno de los ejemplos históricos más relevantes del impacto climático global que pueden provocar los litometeoros volcánicos.

Efectos de los litometeoros
Los litometeoros tienen una influencia directa sobre numerosos procesos ambientales y actividades humanas. Sus efectos pueden apreciarse a escala local, como ocurre durante una tormenta de polvo, o alcanzar dimensiones globales cuando grandes cantidades de aerosoles alteran la radiación terrestre.
La importancia de estos fenómenos ha aumentado en las últimas décadas debido al crecimiento de la contaminación atmosférica, el incremento de incendios forestales extremos y la expansión de regiones afectadas por desertificación.
- Impacto en la salud:
- Capacidad de penetración: El riesgo de las partículas en suspensión depende de su tamaño; las PM10 llegan a las vías respiratorias superiores, mientras que las PM2.5 penetran profundamente en los pulmones y el torrente sanguíneo.
- Efectos y síntomas: La exposición prolongada se asocia con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, provocando tos, irritación ocular/nasal, dificultad para respirar y el empeoramiento del asma o patologías pulmonares crónicas.
- Grupos de riesgo: Los niños, las personas mayores y los pacientes con enfermedades respiratorias previas son los sectores más vulnerables a estos episodios de contaminación, humo o polvo.
- Impacto en la aviación:
- Peligro de la ceniza volcánica: Es uno de los mayores riesgos debido a que sus partículas abrasivas dañan sensores y parabrisas, y pueden fundirse dentro de los motores de reacción provocando fallos graves en pleno vuelo.
- Afectación por polvo y humo: La calima, las tormentas de arena y el humo denso reducen drásticamente la visibilidad, lo que complica las maniobras de despegue y aterrizaje y obliga a modificar rutas.
- Seguridad y monitorización: Ante erupciones volcánicas se activan restricciones aéreas inmediatas y se emplean avisos especializados (como los mensajes METAR y SIGMET) para garantizar la seguridad en la planificación de los vuelos.
- Efectos sobre el clima y la radiación:
- Balance radiativo terrestre: Las partículas atmosféricas alteran la energía del planeta al reflejar, dispersar o absorber la radiación solar según su tamaño y composición.
- Comportamiento de los materiales: Mientras que el polvo mineral suele reflejar la radiación incidente, el carbono negro del humo absorbe energía, lo que contribuye directamente al calentamiento atmosférico y modifica la temperatura del aire.
- Influencia en las nubes: Los aerosoles actúan como núcleos de condensación, facilitando la formación de gotas de agua y alterando propiedades clave de las nubes, como su brillo, duración y capacidad para generar precipitaciones.
- Complejidad climática: La investigación de estas interacciones es una de las áreas más complejas de la climatología actual, dada su estrecha relación con el cambio climático y el futuro del sistema atmosférico.

Diferencias entre litometeoros e hidrometeoros
La principal diferencia entre litometeoros e hidrometeoros se encuentra en la naturaleza de las partículas que los componen. Los litometeoros están formados por partículas sólidas secas no acuosas, mientras que los hidrometeoros contienen agua en estado líquido o sólido.
Los hidrometeoros incluyen fenómenos como lluvia, nieve, niebla, escarcha o granizo. En cambio, los litometeoros abarcan partículas minerales, humo, cenizas volcánicas y otros aerosoles sólidos presentes en la atmósfera.
Ambos grupos pueden reducir la visibilidad y modificar procesos atmosféricos, pero sus mecanismos de formación son diferentes. Los hidrometeoros dependen principalmente de procesos de condensación y congelación del agua atmosférica, mientras que los litometeoros suelen originarse por erosión, combustión, actividad volcánica o dispersión de partículas sólidas.
En situaciones concretas, ambos tipos de meteoros pueden coexistir. Un ejemplo habitual ocurre durante episodios de lluvia con polvo sahariano en suspensión, donde las gotas de agua incorporan partículas minerales y generan depósitos de barro sobre superficies y vehículos.

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