- Qué son los fotometeoros
- Formación de los fenómenos ópticos atmosféricos
- Fotometeoros producidos por refracción
- Halo solar y lunar
- Parhelios
- Arco circuncenital
- Fotometeoros producidos por reflexión
- Irisaciones
- Gloria
- Fotometeoros producidos por difracción
- Corona solar y lunar
- Fotometeoros relacionados con el agua
- Arcoíris
- Arco de Niebla
- Colores del cielo y fenómenos luminosos
- Color azul del cielo
- Amaneceres y atardeceres rojizos
- Importancia de los fotometeoros en la observación atmosférica
- Artículos
Qué son los fotometeoros
Los fotometeoros son fenómenos ópticos que se producen en la atmósfera cuando la luz del Sol o de la Luna interactúa con partículas suspendidas en el aire, como gotas de agua, cristales de hielo, polvo o diminutos aerosoles. Aunque suelen observarse alrededor de nubes altas o en ambientes húmedos, no son nubes en sí mismas, sino efectos visuales generados por distintos procesos físicos relacionados con la propagación de la luz.
Dentro de la óptica atmosférica, los fotometeoros incluyen algunos de los espectáculos más llamativos del cielo: halos, parhelios, coronas, glorias, irisaciones y arcoíris, entre otros. Cada uno aparece bajo unas condiciones atmosféricas concretas, por lo que su observación también aporta información sobre el estado de la atmósfera, la presencia de hielo en altura o el tamaño de las gotas de agua presentes en las nubes.
La clasificación oficial utilizada en meteorología moderna procede del Atlas Internacional de Nubes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), donde estos fenómenos se agrupan según el mecanismo óptico que los origina. Algunos dependen principalmente de la refracción de la luz, otros de la reflexión, la difracción o la interferencia.
Formación de los fenómenos ópticos atmosféricos
La formación de un fotometeoro depende de tres factores fundamentales:
- La fuente de luz (generalmente el Sol o la Luna)
- El tipo de partículas atmosféricas
- La posición del observador
Cuando la luz atraviesa la atmósfera, puede desviarse, dispersarse o reflejarse al entrar en contacto con gotas de agua o cristales de hielo. Ese comportamiento óptico modifica la trayectoria de la luz y genera colores, anillos, arcos o destellos visibles desde la superficie terrestre.
Los fenómenos asociados a cristales de hielo, como los halos o los parhelios, suelen aparecer en nubes altas del tipo Cirrostratus, donde los cristales tienen formas geométricas capaces de refractar la luz con gran precisión. En cambio, otros fotometeoros relacionados con gotas muy pequeñas de agua —como las coronas o las irisaciones— dependen de procesos de difracción e interferencia, mucho más sensibles al tamaño uniforme de las partículas.
También influye el ángulo de incidencia de la luz. Algunos fenómenos solo aparecen cuando el Sol se encuentra a determinada altura sobre el horizonte. El arco circuncenital, por ejemplo, requiere que el Sol esté relativamente bajo, mientras que ciertos halos son visibles durante buena parte del día si existen cristales de hielo orientados correctamente en la atmósfera.
Fotometeoros producidos por refracción
Los fotometeoros de este grupo se originan cuando la luz cambia de dirección al atravesar partículas atmosféricas transparentes, especialmente cristales de hielo hexagonales presentes en nubes altas. Este fenómeno físico se conoce como refracción y es responsable de algunos de los efectos ópticos más brillantes y coloridos del cielo.
Halo solar y lunar
El halo solar es uno de los fotometeoros más frecuentes. Se manifiesta como un anillo luminoso alrededor del Sol, normalmente con un radio angular aproximado de 22 grados. Su formación ocurre cuando la luz atraviesa millones de cristales de hielo suspendidos en nubes altas y delgadas.
En muchas ocasiones, el halo presenta una ligera coloración: el borde interior suele verse más rojizo, mientras que el exterior adquiere tonos blanquecinos o azulados. Sin embargo, los colores rara vez son tan intensos como los de un arcoíris debido a la superposición de la luz refractada por numerosos cristales orientados de manera diferente.
El halo lunar se produce mediante el mismo mecanismo, aunque suele apreciarse casi completamente blanco. Esto ocurre porque la luz reflejada por la Luna es mucho menos intensa que la solar, y el ojo humano pierde sensibilidad cromática en condiciones nocturnas.
Condiciones atmosféricas asociadas
La aparición de halos suele relacionarse con:
- Presencia de nubes altas tipo Cirrostratus
- Cristales de hielo en suspensión
- Aire húmedo en niveles altos de la atmósfera
Tradicionalmente, la observación de halos se ha asociado a cambios de tiempo, ya que estas nubes pueden preceder a frentes cálidos y sistemas de precipitación.

Parhelios
Los parhelios, también conocidos como falsos soles, aparecen como manchas luminosas a ambos lados del Sol. Normalmente se sitúan a la misma altura que el astro y pueden mostrar tonalidades rojizas en la parte más cercana al Sol.
Este fenómeno se produce cuando la luz solar se refracta a través de cristales de hielo con orientación horizontal. La geometría de esos cristales hace que parte de la luz se concentre en puntos concretos del cielo, generando la impresión de que existen “dos soles adicionales”.
Los parhelios suelen observarse junto al halo de 22°, especialmente en ambientes fríos o cuando existen capas extensas de nubes cirriformes. En regiones polares y zonas de montaña pueden aparecer con gran intensidad visual, llegando incluso a proyectar reflejos muy brillantes.
Arco circuncenital
El arco circuncenital está considerado uno de los fenómenos ópticos más espectaculares de la atmósfera. Se observa como un arco de colores muy vivos situado cerca del cénit, con una apariencia similar a un arcoíris invertido.
Su formación requiere una combinación bastante específica de condiciones:
- Cristales de hielo hexagonales horizontales
- Luz solar refractada con gran precisión
- Sol relativamente bajo sobre el horizonte
A diferencia del arcoíris, el arco circuncenital presenta colores extremadamente puros y definidos. El azul y el violeta suelen destacar con mucha intensidad debido a la menor superposición de trayectorias luminosas.
Aunque no es un fenómeno raro desde el punto de vista físico, muchas veces pasa desapercibido porque aparece muy alto en el cielo y dura poco tiempo.

Fotometeoros producidos por reflexión
En estos fenómenos, la luz interactúa con partículas atmosféricas mediante procesos donde interviene la reflexión, aunque en algunos casos también participan mecanismos de difracción e interferencia. Suelen generar estructuras luminosas delicadas, colores irregulares o anillos visibles sobre nubes y bancos de niebla.
A diferencia de los halos, que dependen sobre todo de cristales de hielo, aquí predominan las gotas microscópicas de agua y las nubes compuestas por partículas muy uniformes.
Irisaciones
Las irisaciones aparecen como zonas de colores suaves e irregulares en los bordes de ciertas nubes. Los tonos más habituales son el verde, rosa, azul y violeta, distribuidos en franjas o manchas con aspecto nacarado.
Este fenómeno ocurre cuando la luz interactúa con gotas de agua o cristales muy pequeños y de tamaño similar. La uniformidad de las partículas permite que determinadas longitudes de onda se refuercen entre sí, produciendo colores visibles mediante procesos de difracción e interferencia.
Las irisaciones suelen observarse en:
- Nubes delgadas cercanas al Sol
- Altocúmulos y cirrocúmulos
- Bordes de nubes recientemente formadas

Gloria
La gloria consiste en una serie de anillos coloreados que rodean la sombra del observador proyectada sobre una nube o banco de niebla. Es un fenómeno relativamente común desde aviones, aunque también puede observarse desde montañas cuando existe niebla bajo el observador.
Los colores aparecen debido a la interacción compleja de la luz con diminutas gotas de agua suspendidas en el aire. Aunque intervienen procesos de reflexión interna, la explicación física dominante incluye efectos de difracción y retrodispersión de la luz.
Espectro de Brocken
Cuando la sombra humana proyectada sobre la niebla parece gigantesca y queda rodeada por una gloria, el fenómeno recibe el nombre de espectro de Brocken. Esta ilusión óptica se produce porque la perspectiva sobre la nube distorsiona el tamaño aparente de la silueta.
Durante siglos, este fenómeno estuvo rodeado de interpretaciones sobrenaturales en regiones montañosas, especialmente en Europa central, donde era observado con frecuencia en condiciones de niebla densa.
Fotometeoros producidos por difracción
Los fotometeoros asociados a la difracción aparecen cuando la luz rodea partículas extremadamente pequeñas presentes en la atmósfera, como gotas microscópicas de agua o diminutos cristales de hielo. A diferencia de los fenómenos dominados por la refracción, aquí el tamaño uniforme de las partículas tiene un papel fundamental en la formación de anillos y colores suaves alrededor de las fuentes luminosas.
Corona solar y lunar
La corona solar se observa como una serie de anillos de colores alrededor del Sol. El anillo interior suele presentar tonos azulados o violáceos, mientras que las zonas exteriores adquieren matices rojizos y amarillentos. Su tamaño depende directamente del diámetro de las gotas presentes en la nube: cuanto más pequeñas son las partículas, mayor es el diámetro aparente de la corona.
Este fenómeno aparece normalmente en nubes delgadas compuestas por gotas de agua muy uniformes, como ciertos estratos o altostratos. A diferencia de los halos, las coronas suelen formarse mucho más cerca visualmente del disco solar y presentan una apariencia más difusa.

Fotometeoros relacionados con el agua
En este grupo predominan los fenómenos ópticos producidos por la interacción de la luz con gotas líquidas suspendidas en la atmósfera. La combinación de refracción, reflexión interna y, en algunos casos, difracción, da lugar a algunos de los efectos visuales más conocidos y estudiados de la meteorología.
La forma y el tamaño de las gotas condicionan directamente el aspecto final del fenómeno. Por ese motivo, no todos los arcos visibles en el cielo presentan colores intensos o estructuras bien definidas.
Arcoíris
El arcoíris se forma cuando la luz solar entra en gotas de lluvia, cambia de dirección al atravesarlas y posteriormente se refleja en su interior antes de salir nuevamente hacia el observador. Durante ese recorrido, la luz blanca se separa en diferentes colores debido a que cada longitud de onda se desvía con un ángulo ligeramente distinto.
El resultado es el característico arco multicolor, donde el rojo aparece en la parte exterior y el violeta en la interior. Para que el fenómeno sea visible, el observador debe situarse entre el Sol y la lluvia, con el Sol relativamente bajo sobre el horizonte.
Arcoíris primario y secundario
El arcoíris primario es el más brillante y frecuente. En determinadas condiciones también puede aparecer un arco secundario, más tenue y situado por encima del principal. Este segundo arco se produce cuando la luz experimenta dos reflexiones internas dentro de las gotas de agua, lo que invierte el orden de los colores.
En ocasiones muy concretas pueden observarse bandas adicionales en el interior del arco principal. Estos patrones reciben el nombre de arcos supernumerarios y están relacionados con fenómenos de interferencia luminosa.
Arco de Niebla
El arco de niebla, conocido también como arco iris blanco, guarda cierta similitud con el arcoíris tradicional, aunque presenta una apariencia mucho más tenue y difusa. Se forma cuando la luz interactúa con gotas extremadamente pequeñas presentes en bancos de niebla o neblina.
Debido al reducido tamaño de las gotas, la separación de colores resulta mucho menos intensa. Por eso, el suele verse como un gran arco blanquecino con ligeros matices rojizos en el borde exterior y tonos azulados muy débiles hacia el interior. Este fenómeno es relativamente frecuente en zonas costeras, regiones montañosas y áreas con niebla persistente. Cuando aparece sobre el mar o sobre bancos densos de niebla, puede adquirir un aspecto fantasmal muy característico.

Colores del cielo y fenómenos luminosos
La atmósfera no solo produce anillos, halos o arcos. También modifica constantemente el color del cielo mediante procesos de dispersión y absorción de la luz solar. Estos efectos determinan la tonalidad azul diurna y los intensos colores rojizos que acompañan amaneceres y atardeceres.
La composición del aire, la presencia de partículas en suspensión y la posición del Sol influyen directamente en cómo percibimos la luz atmosférica desde la superficie terrestre.
Color azul del cielo
El color azul del cielo se debe principalmente a la dispersión de Rayleigh, un proceso físico por el cual las moléculas del aire dispersan con mayor eficacia las longitudes de onda cortas de la luz solar.
La luz azul, al poseer una longitud de onda menor que la roja, se dispersa en todas direcciones con mucha más intensidad. Como consecuencia, el cielo adquiere ese tono azulado característico durante gran parte del día.
Cerca del horizonte, el color suele verse más claro o blanquecino porque la luz atraviesa una mayor cantidad de atmósfera y se mezcla con partículas de polvo, humedad y aerosoles presentes en capas bajas del aire.
Amaneceres y atardeceres rojizos
Durante el amanecer y el atardecer, la luz solar atraviesa una porción mucho mayor de atmósfera antes de llegar al observador. En ese trayecto, las longitudes de onda cortas se dispersan progresivamente, mientras que predominan los tonos rojos, anaranjados y amarillos.
La intensidad de estos colores depende de múltiples factores atmosféricos. La presencia de polvo, humo, cenizas volcánicas o aerosoles puede potenciar los tonos cálidos y generar cielos especialmente rojizos.
Colores crepusculares
En condiciones concretas también pueden aparecer bandas rosadas, púrpuras o anaranjadas después de la puesta de Sol. Estos efectos forman parte de los llamados colores crepusculares, asociados a la dispersión y reflexión de la luz en capas altas de la atmósfera.
Fenómenos como los rayos crepusculares o el denominado arco crepuscular suelen desarrollarse en esos momentos de transición entre el día y la noche, cuando la iluminación solar incide desde ángulos muy bajos.

Importancia de los fotometeoros en la observación atmosférica
Los fotometeoros tienen un gran valor dentro de la observación meteorológica, ya que permiten identificar características de la atmósfera que no siempre son visibles a simple vista. La presencia de halos, por ejemplo, suele indicar cristales de hielo en altura y la llegada de nubosidad asociada a frentes atmosféricos.
Fenómenos como las coronas o las irisaciones también ofrecen información sobre el tamaño y uniformidad de las gotas presentes en determinadas nubes. Por esa razón, el estudio de los fotometeoros no pertenece únicamente al ámbito visual o paisajístico, sino que constituye una herramienta útil para comprender procesos atmosféricos complejos.
Además de su interés científico, estos fenómenos han despertado fascinación desde la antigüedad. Muchas culturas interpretaron halos, glorias o falsos soles como señales sobrenaturales debido a su rareza y espectacularidad. Hoy se conocen con precisión sus causas físicas, pero continúan siendo algunos de los eventos más impresionantes que pueden observarse en el cielo.

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